Cuando estamos nerviosos, la respiración se vuelve corta y rápida. Lo curioso es que funciona en los dos sentidos: si respiras más lento, tu cuerpo también recibe la señal de que puede relajarse.
Qué pasa en el cuerpo
La respiración lenta y profunda, sobre todo cuando la exhalación es más larga que la inhalación, se asocia con la activación de la parte del sistema nervioso encargada del descanso. Por eso muchas técnicas de relajación, la meditación y hasta el yoga ponen tanta atención en el aire.
Un ejercicio sencillo
Inhala por la nariz contando hasta cuatro. Sostén un instante. Exhala despacio por la boca contando hasta seis. Repite durante dos minutos. No necesitas ropa especial ni un lugar silencioso; puedes hacerlo en el camión, en la fila del banco o antes de una conversación difícil.
Si sientes mareo, vuelve a respirar normal. Y si tu ansiedad es frecuente o intensa, platícalo con un profesional de la salud: respirar ayuda, pero no sustituye una atención adecuada.
A veces la calma empieza con una exhalación larga.