En la cocina casi todo tiene fecha de caducidad, pero la miel es la excepción más famosa. Se han encontrado muestras muy antiguas todavía en buen estado, y por eso suele decirse que es uno de los pocos alimentos que prácticamente no se echa a perder.

Por qué dura tanto

La miel es muy baja en agua y muy alta en azúcares, lo que hace difícil que crezcan microorganismos en ella. Además, las abejas la procesan con enzimas que influyen en su acidez y en su conservación.

Dos detalles prácticos

Si se cristaliza, no se echó a perder: es algo natural. Puedes calentarla en baño maría, con suavidad, y volverá a su textura líquida. Y recuerda guardar el frasco bien cerrado, porque si absorbe humedad sí puede fermentar.

Un recordatorio importante: la miel no se le da a bebés menores de un año.

Lo bueno, cuando se cuida, puede durar muchísimo.