Después de una mala noche, todo parece más pesado: las prisas, los problemas, hasta los comentarios que normalmente no nos molestarían. No es casualidad. El sueño y el estado de ánimo están muy conectados.
Lo que se sabe
Dormir poco se relaciona con más irritabilidad, menos concentración y más dificultad para manejar el estrés. Durante el descanso, el cuerpo y el cerebro se reorganizan, y ese proceso importa tanto como comer bien o hacer ejercicio.
Hábitos que ayudan
Acostarte y levantarte a horas parecidas, bajar las luces y las pantallas una hora antes de dormir, evitar comidas muy pesadas y cafeína por la tarde, y mantener la habitación fresca y oscura. No hace falta hacerlos todos: elige uno y practícalo una semana.
Si llevas semanas durmiendo mal sin una razón clara, consulta a tu médico: dormir bien también es salud.
Un buen día empieza la noche anterior.